Viajamos a Tanti en noviembre de 2012 solamente por tres días. La verdad que el viaje se hace bastante largo (desde La Plata son entre 8 a 10 horas ahora que hay autopista, sino antes era más) pero Córdoba es tan hermosa que valen realmente la pena.
Me acuerdo que la primera vez que viajé a la provincia tendría unos 13 o 14 años, obviamente viajé con mis padres, y desde ese entonces quedé enamorada de sus paisajes y sierras. Esa vez nos habíamos hospedado en Villa Carlos Paz, pero desde aquella época "descubrimos" Tanti y sus caminitos de tierra por las montañas. Por lo menos día por medio subíamos por ellos y nos quedábamos allí almorzando o simplemente respirando el aire fresco que nos llenaba los pulmones de naturaleza.
En este viaje nos hospedamos directamente en la ciudad/pueblito de Tanti en un lugar llamado "La cascada de Tanti" que la verdad no se si sigue existiendo porque no encuentro más información! Viajé con mi mamá y mi tío, llegamos a eso de las 3 de la tarde y luego de dejar las cosas en el lugar, que eran como pequeñas casitas, nos fuimos a buscar algún lugar dónde comer ya que estábamos muertos de hambre.
Por suerte había un restaurante en la esquina misma del complejo, ubicado en el mismo Balneario el Diquesito. Optamos por pedirnos una picada y además había pizza libre, así que comimos muy bien. Lo malo es que ahí descubrí algo, creo que tal vez lo único que me molestó y mucho de Tanti, es que hay MUCHOS perros abandonados en el lugar. Y claro, al ser un restaurante había por lo menos 6 perros famélicos pidiendo comida, la cual di a escondidas porque tenía miedo que los dueños del lugar los hecharan.
Después de comer decidimos recorrer un poco el balneario y el propio Diquesito con sus cascadas y todo. Un lugar paradisíaco realmente y tuvimos la suerte de que si bien hacía bastante calor, no había mucha gente así que pudimos recorrer tranquilamente. Si mirábamos para arriba veíamos nuestra casita, así que el complejo tenía una vista privilegiada. Decidimos pasar la tarde allí, descansando en toda esa tranquilidad.
Esa noche dimos una vuelta por el pueblito, visitamos las casas de regalos, comimos algo y nos volvimos a dormir porque la verdad que estábamos muertos, sobre todo mi tío que era el que manejaba e hizo todo el trayecto de un solo tirón.

No hay comentarios:
Publicar un comentario